jueves, 30 de julio de 2020

El Color Rosa

Hacía ya casi un año que Alex no tenía compañía femenina en su alcoba, y ahora tenía a una mujer completamente desnuda tirada en su cama. Valeria era su nueva compañera de trabajo y luego de salir por unas copas, él se ofreció a llevarla a su casa. Alex llevaba muchos años en una relación con su ex novia, pero ella prefirió irse a vivir a Estados Unidos, por lo que él se quedó solo, con el corazón roto.
Valeria, una joven de piel clara, ojos cafés y pelo castaño, tenía muchas curvas, que distraían a Alex mientras manejaba su auto. Él prefirió no tomar más de una copa, ya que cada vez que tomaba se acordaba de su ex y el no estaba dispuesto a dañar su salida.
Mientras trataba de encontrar la dirección de Valeria en el GPS, ella empezó a jugar con su mano en su muslo. Los ojos del muchacho se abrieron como si hubiese sentido una serpiente entrar por su pantalón. Su corazón se aceleraba mientras ella se acercaba cada vez a su cremallera. No supo que decir o hacer, más que mantener las manos en el volante.

-          Alex, ¿por qué mejor no vamos a tu casa, y seguimos la fiesta ahí?

-          Valeria, creo que estas ebrias, ¿qué tal si mejor te dejo en tu casa, así mañana podemos hablar al respecto?

La chica se desabrochó el cinturón, se acercó a las piernas de Alex y con un movimiento digno de una escapista, sacó del pantalón al pequeño Alex. Una vez lo tenia en su boca, Alex aceleró para llegar lo más rápido posible a su casa. Al llegar bajo del auto, aun con su banana al aire, si sus vecinos lo veían, no le importaba mucho, tenía demasiado tiempo sin llevarlo a pasear al pocito.
Se estaban comiendo a besos en las escaleras, Alex sentía que estaba vivo otra vez, toda tristeza se había desvanecido de su mente. ¿Que eran solo tres años con una mujer que decidió dejarlo? ¿Que importaba si habían reservado juntos un viaje a Paris que nunca se dio? ¿Qué importa si el depósito del hotel y de los tiquetes de avión no se pudo recuperar? El hombre iba a coronar, toda tenía sentido ahora, o al menos eso pensaba su pene.

Al llegar a la alcoba, ya Valeria estaba tambaleándose, sonreía con una mirada somnolienta, no sin irse quitando su sostén, dejando a la vista dos hermosos pechos con pezones rosados. Alex se relamía, la gloria estaba frente a sus ojos, cuando vio su pubis completamente expuesto, se acerco y la tomo en sus brazos, y la lanzo a su cama.
El chico fue directo a los labios, pero los menores, empezó a lamer como si el mundo se fuera acabar en unos pocos minutos, pues el sentía que iba a acabar en unos pocos minutos, por lo que era mejor dejar satisfecha a su compañera. Luego de usar sus mejores trucos, como el mordisco, que según el era un final asegurado para el cunnilingus, se dio cuenta de que no obtenía respuesta alguna de Valeria.

Al mirar sobre el monte de Venus, vio a la mujer completamente dormida, babeando en sus sabanas limpias. No supo cómo sentirse, una opción era que sus preámbulos eran una completa bazofia, o que el ron junto con las cervezas la habían dejado inconsciente. La segunda opción era la única que lo hacia sentir no tan perdedor. Ahora bien, el problema mas grande era la acumulación a punto de estallar en la punta de su miembro, por lo que tenia dos opciones. Terminar el mismo el trabajo o tratar de despertar a Valeria. Hizo de todo, apretó sus pezones rosados, le dio palmaditas en la cara incluso le hablo al oído, nada, solo ronquidos.

Alex maldijo todo lo que lo rodeaba, mientras buscaba su crema de manos. Realmente esa no era su noche.

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